“Antes quebrar que torcer”; la gesta del capitán Pessoa y sus 50 valientes en Nagasaki

¿Qué pasaría si un tercio español del siglo XVI se enfrentara en batalla a un ejército samurái? Imposible saberlo, porque a lo largo de la historia nunca se produjo un choque semejante. Pero eso no quita para que muchos aficionados a la historia-ficción fantaseen sobre el posible resultado. La cosa no deja de ser otra versión del eterno debate que sacude internet desde tiempo inmemorial. ¿Quién es más fuerte, un ninja o un pirata? ¿Y si pelearan un samurái y un pirata? Discusiones bizantinas (y bastante chorras) que seguirán sin respuesta por los siglos de los siglos. Pero, curiosamente, de algo parecido a un choque entre piratas europeos y samuráis sí que tenemos noticia. Cuentan que un día, a principios del siglo XVII, un capitán portugués se enfrentó en Nagasaki a una guarnición entera de samuráis. Los lusos eran apenas 50 hombres. Los japoneses, cerca de 3,000. Y aguantaron como leones, a bordo de su barco, durante más de tres días de batalla. Esta es la historia de la titánica resistencia de Andre Pessoa y la nao Madre de Deus.

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Asalto al Ikedaya: el día que los Shinsengumi salvaron al emperador de caer en manos de la rebelión

No eran los más honorables ni los mas piadosos, pero eran hombres valientes. Los Shinsengumi, el cuerpo especial antidisturbios que se creó para mantener el orden en Kyoto en los turbulentos últimos años del shogunato Tokugawa, fueron los tipos más duros en una época plagada de tipos duros. Hombres que vivieron y murieron por la espada, un verdadero grupo salvaje compuesto por samuráis de acero fácil, disciplina espartana y una insaciable sed de sangre. La guerra en la que luchaban estaba perdida de antemano y su causa destinada al fracaso, pero no les importó. Y es que este puñado de guerreros indómitos, los últimos de una época condenada a desaparecer, tuvieron también su momento de gloria. Una noche de verano en la que salvaron a la ciudad de Kyoto de ser pasto de las llamas y evitaron que el emperador cayera víctima de un siniestro complot. El día en que los perros de presa del shogun se convirtieron en héroes.

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Dojigiri, la katana decapitadora de demonios

En esta santa casa nos gusta hablar de espadas, y hoy traemos a escena otra katana con historia. Una herreruza que puede presumir, ahí es nada, que de haber cortado la cabeza de un demonio. O, al menos, eso dice la leyenda. Hablamos de la famosa Dojigiri Yasutsuna, que de hecho está considerada un tesoro nacional por el gobierno japonés. Cualquiera que se acerque hasta allí puede verla expuesta en el Museo Nacional de Tokyo, en el céntrico parque Ueno, el corazón mismo de la capital nipona. A lo largo de sus cerca de mil años de existencia la Dojigiri ha pasado por manos ilustres, desde el mítico héroe Minamoto no Raiko, uno de los primeros samuráis, hasta varios shogunes Tokugawa, y su filo ha protagonizado hazañas aparentemente imposibles que, sin embargo, aparecen profusamente documentadas en las crónicas de la época. Veamos qué hay de verdad en todo ello. Continuar leyendo “Dojigiri, la katana decapitadora de demonios”

El castillo flotante de Takamatsu

En el Japón feudal, sobre todo una vez entrada la era Sengoku, la guerra era a menudo un asunto de asedios. Las batallas campales eran algo relativamente raro. Sekigahara, Nagashino, Okehazama… son hitos que han quedado para la Historia precisamente por ser la excepción a la norma. La rutina de un samurái, en realidad, pocas veces implicaba luchar a campo abierto. En cambio, asaltar castillos y asediar plazas fuertes era el pan nuestro de cada día. Y, si en la tierra del Sol Naciente hubo un maestro absoluto del arte del asedio, ese fue Toyotomi Hideyoshi. No había castillo que se le resistiera. De entre todas sus conquistas, una especialmente ha quedado para la leyenda: Takamatsu, el castillo flotante. ¿De dónde le viene ese nombre?  Pues, precisamente, porque así es como lo dejó Hideyoshi una vez hubo acabado con él, “flotando” en mitad de una inmensa laguna artificial. Una táctica tan espectacular como efectiva para aislar completamente la plaza enemiga. Vamos a ver cómo lo hizo. Continuar leyendo “El castillo flotante de Takamatsu”

Yamada Nagamasa: un samurái en la corte del rey de Siam

En la era de los descubrimientos, los europeos no fueron los únicos que se atrevieron a desafiar a los siete mares en busca de nuevas tierras. A una escala más modesta, los japoneses también se lanzaron a navegar más allá de sus islas, acaso siguiendo el ejemplo de esos extraños visitantes que, con sus naves negras, se empezaban a dejar ver por sus costas desde mediados del s. XVI. Hasta alrededor de 1630, los comerciantes nipones se expandieron por todo el Sudeste asiático y, en algunos de esos lugares, dejaron una huella profunda.

Pero, si hubo alguien que realmente llegó a hacerse un nombre allende los mares, ese fue Yamada Nagamasa. Un aventurero japonés que había huido de su tierra natal en busca de fortuna y acabó convirtiéndose en el brazo derecho del rey de Siam (la actual Tailandia). Comandante en jefe de la guardia real y con una tropa de élite formada por mercenarios samuráis a sus órdenes, era prácticamente el hombre más poderoso del país. Hasta fue capaz de mantener a raya a los temibles galeones europeos, que se lo pensaban dos veces antes de buscar pelea cuando veían ondear los estandartes de Nagamasa. Se dice pronto, pero llegó incluso a darle para el pelo a todo un batallón español, en una época en la que los ejércitos castellanos eran poco menos que invencibles.

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Kumagai, el samurái que abandonó la espada y se hizo objetor de conciencia

El destino de Japón se ha jugado a cara o cruz en varias ocasiones a lo largo de su historia, y las guerras Genpei son una de ellas. A finales del s. XII, dos clanes samurái, los Taira y los Minamoto, se disputaron el control del país en una larga y cruenta guerra civil que tuvo en vilo al imperio entero. Pero no todo fueron batallitas y hazañas bélicas, también hubo lugar para pasajes un poco menos épicos. Por ejemplo, el que vamos a contar hoy no es precisamente heróico, y además tiene un mensaje antimilitarista. Es la crónica de uno de los duelos más famosos de la historia japonesa, glosado hasta la saciedad en poemas y cantares de gesta, que tuvo un desenlace algo distinto del habitual.

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Sanada Yukimura, el samurái valiente

Este es el año de Sanada Yukimura en Japón. En realidad casi todos lo son porque, si hay un samurái famoso y querido para los japoneses, ese es Yukimura. Pero desde enero está de más actualidad que nunca, porque el Taiga Drama de 2016 esta dedicado a su figura. Fuera de su Japón natal no es tan conocido como los Nobunaga o los Hideyoshi de turno así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (o que el Kamogawa pasa por Kyoto), qué mejor ocasión para hablar de uno de los personajes históricos más populares del país de los samuráis: Sanada Yukimura, el héroe de los Sitios de Osaka.

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Okehazama: guerra relámpago en el Japón feudal

Gaugamela, Lepanto, Waterloo, Stalingrado… La historia de la humanidad está llena de batallas que marcan un punto de inflexión, un antes y un después sin el cual no se entendería el mundo que vino después.  La  de Okehazama es una de ellas. Uno de esos momentos en los que, aun sin que sus propios protagonistas puedan saberlo, se decide el destino de millones de personas para los siglos venideros.

El choque que enfrentó a las legiones del poderoso clan Imagawa con el pequeño ejército de los Oda en los valles de la provincia de Owari, cerca de la actual Nagoya, iba a trazar un rumbo nuevo en el devenir de Japón. Tras Okehazama, se abriría por fin el camino a la unificación nacional, después de casi un siglo de desórdenes y continuas guerras civiles. Aquel día de junio de 1560 iba a ser el principio del fin de la sangrienta era Sengoku. Continuar leyendo “Okehazama: guerra relámpago en el Japón feudal”