Duelo de titanes en la era Sengoku: Takeda Shingen vs. Uesugi Kenshin

Para progresar en la vida, nada mejor que tener un rival contra el que competir. Alguien a quien intentar superar cada día. O, al menos, eso piensan Japón.  Si nos fijamos bien, las historias que nos llegan del país del sol naciente están llenas de parejas de personajes que viven por y para medir sus fuerzas el uno contra el otro: Mark Lenders y Oliver Athon, Ryu y Ken, Son Goku y Vegeta… Pues bien, todas estas rivalidades legendarias, tan del gusto nipón, tienen su antecedente histórico.  Hablamos de Takeda Shingen y Uesugi Kenshin, dos caudillos samuráis, adversarios acérrimos, cuya particular relación ha servido de modelo a todas los que han venido detrás, en la historia y en la ficción. Ambos, dos de los generales más grandes de la era Sengoku, se enfrentaron hasta cinco veces en el campo de batalla, y cuenta la leyenda que incluso llegaron a batirse en duelo cara cara en una ocasión, en la llanura de Kawanakajima.

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Un Buda gigante forjado con el hierro de miles de katanas

Poca gente sabe que, en el corazón mismo de Kyoto, entre los enclaves más famosos de la vieja capital, hay un templo maldito. Aunque antaño fue bastante importante, hoy en día las guías de viajes apenas lo mencionan. Su centenaria (y accidentada) historia está íntimamente ligada al aciago destino del clan Toyotomi. El gran unificador de Japón, el mismísimo Toyotomi Hideyoshi, levantó dicho templo para que albergara una gran estatua de Buda. Una escultura colosal, la más grande nunca vista en el país del Sol Naciente, que tenía además una característica muy particular. Su cuerpo estaba en parte forjado a partir del acero de miles de katanas, confiscadas a sus dueños durante los años más crudos de la era de las guerras civiles.

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Yagyu Jubei, agente secreto al servicio de su majestad… shogunal

Como estamos ya en plena época festiva, vamos a despedir el 2016 con un artículo de tono más ligero de lo habitual. Porque nos lo pide el cuerpo, qué demonios. Veamos, ¿quién ha sido el samurái más fuerte de todos los tiempos? Una duda que lleva corroyendo a los aficionados a la cultura japonesa desde la noche de los tiempos, por lo menos. Primero habría que decidir cómo definimos eso de “el más fuerte”, porque según el criterio la lista de candidatos varía bastante. Si nos ceñimos a la capacidad de ser mortal de necesidad con una katana en la mano, nos vienen a la cabeza nombres como Miyamoto Musashi, Ito Ittosai o Kamiizumi Nobutsuna. Es imposible definir de manera objetiva quién ha sido la mejor espada de la Historia de Japón pero, si hiciéramos un hipotético ranking, en el top 5 nos encontraremos, sin duda, con nuestro protagonista de hoy. Hablamos de Yagyu Jubei, un espadachín de leyenda,  máximo exponente de una de las escuelas de esgrima más afamadas de la tierra del sol naciente: la mítica Yagyu Shinkage Ryu.

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Conspiración en Honnoji: teorías sobre la muerte de Oda Nobunaga

Tal día como hoy hace 400 años, la madrugada del 21 de junio de 1582, Oda Nobunaga, el hombre más poderoso de Japón, caía víctima del ataque a traición de uno de sus generales. Nobunaga estaba pernoctando plácidamente en el templo de Honnoji, en el centro mismo de Kyoto, cuando Akechi Mitsuhide lo asaltó por sorpresa con sus huestes y pasó a cuchillo a todo al que encontró tras sus muros. A la mañana siguiente el fuego había arrasado Honnoji hasta los cimientos; el cadáver de Oda Nobunaga jamás apareció. La leyenda dice que tuvo tiempo de hacerse el seppuku antes de desaparecer entre las llamas. La traición de Mitsuhide estuvo a punto de echar al traste el proceso de unificación del país y abocar a Japón a otros cien años de guerras civiles. El llamado Incidente de Honnoji es el magnicidio por excelencia de la Historia japonesa. Y, al igual que sucede con otros asesinatos famosos, como el de Abraham Lincoln o el de JFK, está lleno de misterios y cuestiones por resolver.

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Con la Iglesia hemos topado: el misionero que quiso caminar sobre las aguas de la bahía de Tokyo

Si en el imperio de Felipe II no se ponía el sol, en tiempos de Felipe III hubo quien aseguraba ser capaz de detener el curso del astro rey en el cielo solo con el poder de su fe. El hombre (supuestamente) capaz  de tal prodigio era fray Juan de Madrid, un misionero franciscano recién llegado a Japón en los albores del s. XVII. Pero su repertorio de capacidades sobrehumanas no terminaba ahí. También decía poder caminar sobre las aguas y mover montañas a voluntad, todo gracias a la fuerza que, según él, Dios le concedía. El objetivo de los milagros de fray Juan no era otro que demostrar al mundo la superioridad del credo católico apostólico romano frente a los cultos paganos que profesaban los nativos del lugar. Pero, entre las almas descarriadas que intentaba atraer al redil del Señor, no había solo nativos japoneses. En realidad, su máximo afán era convertir a un capitán de fortuna inglés, William Adams, y su tripulación, todos ellos protestantes a machamartillo, a quienes las tormentas habían hecho naufragar en aquellas costas. Continuar leyendo “Con la Iglesia hemos topado: el misionero que quiso caminar sobre las aguas de la bahía de Tokyo”

El castillo flotante de Takamatsu

En el Japón feudal, sobre todo una vez entrada la era Sengoku, la guerra era a menudo un asunto de asedios. Las batallas campales eran algo relativamente raro. Sekigahara, Nagashino, Okehazama… son hitos que han quedado para la Historia precisamente por ser la excepción a la norma. La rutina de un samurái, en realidad, pocas veces implicaba luchar a campo abierto. En cambio, asaltar castillos y asediar plazas fuertes era el pan nuestro de cada día. Y, si en la tierra del Sol Naciente hubo un maestro absoluto del arte del asedio, ese fue Toyotomi Hideyoshi. No había castillo que se le resistiera. De entre todas sus conquistas, una especialmente ha quedado para la leyenda: Takamatsu, el castillo flotante. ¿De dónde le viene ese nombre?  Pues, precisamente, porque así es como lo dejó Hideyoshi una vez hubo acabado con él, “flotando” en mitad de una inmensa laguna artificial. Una táctica tan espectacular como efectiva para aislar completamente la plaza enemiga. Vamos a ver cómo lo hizo. Continuar leyendo “El castillo flotante de Takamatsu”

Don Justo Takayama, ¿un santo samurái?

¿Habemus santo samurái? Recientemente ha saltado la noticia y el rumor está rebotando por los medios de medio mundo. Las informaciones  sobre la posible beatificación de un famoso samurái cristiano del s. XVI se suceden a velocidad de vértigo. El asunto está levantando cierta polvareda por la red y, la verdad, no es para menos. No todos los días se eleva los altares a todo un caudillo samurái, de los de katana en ristre y kabuto ceñido. Un titular potente como pocos, de esos que atraen clics como moscas a la miel. El personaje al que el Vaticano planea santificar es Takayama Ukon, también conocido por el nombre de Don Justo, que adoptó al bautizarse. Al parecer las gestiones están bastante avanzadas, y la canonización se da ya por segura. En fin, si la Iglesia ha hecho santos a señores como el rey vikingo Canuto IV o el emperador romano Constantino, por qué no iban a admitir en su selecto club a un guerrero samurái.

Además, Don Justo Takayama siempre ha tenido buena prensa en Japón. Los historiadores clásicos nos lo presentan como un perfecto caballero, elegante y honorable. Desde el lado católico, siempre ha tenido también una legión de hagiógrafos que lo pintan como un santo varón. Pero, ahora que ha saltado la liebre de su posible beatificación, se están diciendo cosas que no son del todo ciertas. Por ejemplo, no olvidemos que, aun en caso de ser canonizado, Takayama Ukon no sería el primer santo samurái de la historia. Sin ir más lejos, Pablo Miki, uno de los 26 mártires de Nagasaki, era de familia samurái. Cierto es que apenas “ejerció” como tal, ya que desde jovencito se consagró a eso del ora et labora con los hermanos jesuitas en el seminario. Pero, técnicamente, tan samurái era el uno como el otro. Llegados a este punto, se hace necesario un repaso a los hechos históricos para separar el grano de la paja. Veamos hasta qué punto Don Justo vivió su vida en olor de santidad. Luego, que juzgue el lector si hizo o no méritos suficientes para ser elevado a los altares. Continuar leyendo “Don Justo Takayama, ¿un santo samurái?”

Las espadas malditas de Muramasa

Si el otro día presentábamos a la Heshikiri en sociedad, hoy vamos a seguir hablando de katanas famosas. Y pocas más célebres que las forjadas por Muramasa, otro de los inmortales maestros herreros del país del Sol Naciente. Afiladas y mortíferas como ellas solas, las creaciones de Muramasa arrastran cierta fama de malditas. En Japón siempre se ha creído que las espadas tienen alma y, si eso es cierto, las de Muramasa deben de tenerla tirando a oscura. Según se decía, su acero estaba siempre sediento de sangre. En especial, de sangre Tokugawa. La dinastía de shogunes más poderosos de la historia de Japón siempre temió el sinuoso y acerado filo de las Muramasa, herreruzas de mal agüero que, decían, atraían la desgracia sobre su familia. Subámonos a nuestra particular nave negra del misterio y veamos qué hay de verdad tras esta macabra leyenda. Continuar leyendo “Las espadas malditas de Muramasa”

La leyenda de Heshikiri, la katana favorita de Oda Nobunaga

La espada es el alma del samurái. O eso dicen. Por bonitos que suenen, hay que tener cuidado con estos adagios: no conviene creérselos más de la cuenta. Porque, a la hora de la verdad, la casta guerrera japonesa no le hacía ascos a nada. Utilizaba todo tipo de armas, desde lanzas hasta arcabuces, pasando por arcos, cañones, y un largo etcétera. Pero, justo es reconocerlo, pocas tan evocadoras y con tanta carga simbólica como la archifamosa katana. Estas magníficas herreruzas, muchas de las cuales son hoy consideradas como verdaderas piezas de museo, van a ser las protagonistas de la entrada de hoy.

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Sanada Yukimura, el samurái valiente

Este es el año de Sanada Yukimura en Japón. En realidad casi todos lo son porque, si hay un samurái famoso y querido para los japoneses, ese es Yukimura. Pero desde enero está de más actualidad que nunca, porque el Taiga Drama de 2016 esta dedicado a su figura. Fuera de su Japón natal no es tan conocido como los Nobunaga o los Hideyoshi de turno así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (o que el Kamogawa pasa por Kyoto), qué mejor ocasión para hablar de uno de los personajes históricos más populares del país de los samuráis: Sanada Yukimura, el héroe de los Sitios de Osaka.

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