Miyamoto Musashi vs. Sasaki Kojiro: el duelo más famoso de la Historia de Japón

Dos samuráis frente a frente, espada en mano, a la orilla del mar. Uno de ellos, de porte elegante y vestido con finos ropajes, empuña un largo acero de exquisito temple. El otro, de gesto torvo y facciones salvajes, viste con harapos y tiene como arma un tosco garrote de madera, que semeja vagamente la forma de una katana. Ambos se miran fijamente, sin mover un músculo, mientras los primeros rayos del alba empiezan a iluminar el cielo. La escena es digna de la mejor película de Kurosawa. Los aficionados a la cultura japonesa habrán adivinado ya que hablamos de uno de los combates más legendarios de la historia samurái, el lance que enfrentó a Miyamoto Musashi contra Sasaki Kojiro en la isla de Ganryujima. La palabra clave aquí es esa, legendario, porque las cosas no sucedieron tal y como las cuenta el relato tradicional que todos conocemos.

Miyamoto Musashi es un personaje controvertido. Epítome de las virtudes del samurái para unos, simple e insignificante ronin para otros, está claro que no deja indiferente a nadie. Muchos lo alaban como maestro espadachín y lo consideran el guerrero más fuerte de la Historia de Japón. Otros le niegan el pan y la sal, diciendo que su figura está muy sobrevalorada respecto a sus méritos reales, y le acusan de enfrentarse solo a adversarios de pacotilla en duelos en los que hacía trampas siempre que podía. ¿Con qué versión quedarse? Ni tanto ni tan calvo. La verdad, como de costumbre, seguramente está en el punto medio.

Miyamoto Musashi, un samurái de leyenda

Es verdad que el personaje de Musashi está bastante sobredimensionado. Cuesta trabajo creer que él solito pudiera realizar todas las proezas que sus admiradores más entusiastas le atribuyen. Pero también es innegable que fue un guerrero lo bastante importante como para que su fama le haya sobrevivido más de 400 años. Cuando el río suena, algo de agua debe de llevar. Lo malo es que separar mito y realidad cuando hablamos de Musashi es una misión casi imposible.

miyamoto musashi retrato
Autorretrato de Miyamoto Musashi

Aquí vamos a intentar trazar una pequeña semblanza del Musashi real, ateniéndonos a los hechos que, más o menos, sabemos con seguridad. Musashi nació probablemente en  1584 en la aldea de Miyamoto, en el seno de una familia humilde de samuráis rurales del feudo de Harima, cerca de la actual Kobe. Desde pequeño mostró excelentes aptitudes para las armas. Debía de llevarlo en la sangre, ya que tanto su padre como su abuelo habían sido espadachines de cierta fama.

De niño, Miyamoto Musashi se llamaba Shinmen Takezo. No sería hasta muchos años después que adoptaría el nombre por el que hoy es conocido. Eso de cambiarse de nombre cada dos por tres se llevaba mucho en el Japón feudal. Sin ir más lejos, su padre, Shinmen Munisai, había tomado el apellido del mismo clan al que servía, los Shinmen, ya que al parecer estaba en muy buenos términos con su señor. Gran parte de lo que sabemos de la vida de Musashi está sacado de sus propios escritos. Principalmente, su famoso Libro de los Cinco Anillos (Gorin no Sho), al principio del cual nos habla un poco de su vida y milagros. En este prólogo, escrito en 1645, apenas unos meses antes de morir, cuenta que participó en un total de seis batallas a lo largo de su vida, y en cuatro de ellas ocupó puestos de mando liderando tropas. No menciona cuáles son exactamente, pero probablemente tenía buenas razones para guardar silencio al respecto.

Todo indica que luchó en Sekigahara en el bando perdedor, del lado de los Toyotomi. También estuvo en los sitios de Osaka 15 años después, donde cortó unas cuantas cabezas, seguramente de nuevo en el mismo bando. En el Japón de principios del s. XVII, con el imperio recién unificado bajo la égida de los Tokugawa, alardear de antiguos lazos con la casa Toyotomi no era la mejor idea del mundo. Musashi, que de tonto no tenía un pelo, se guarda para sí los detalles. También se sabe que participó en la campaña de Shimabara, la última gran batalla que Japón conocería hasta bien entrado el s. XIX. Shimabara fue en realidad una revuelta campesina en la isla de Kyushu, que el shogunato aplastó con dureza en 1638. El papel de Musashi fue poco glorioso: una piedra lanzada por un campesino lo dejó fuera de combate. A sus más de 50 años, retirado hacía ya tiempo de la vida militar, tampoco estaría el hombre ya para muchos trotes.

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Musashi era tan hábil con el pincel como con la espada, como demuestra este otro autorretrato

Y es que la carrera de Musashi como duelista no duró demasiado. Después de Sekigahara, con 16 años, se hace ronin (seguramente a causa de la derrota) y empieza su peregrinar por el país en busca de aventuras y rivales a los que derrotar. A los 30, poco después de su duelo con Sasaki Kojiro, se retira del mundo de la espada y se centra en las artes. Pintura, caligrafía, escultura… todo se le daba bien, era un auténtico hombre del Renacimiento. Muchas de sus obras pueden admirarse hoy en día en museos de todo Japón.

Musashi desarrolló un estilo de esgrima propio y original, consistente en blandir dos espadas (katana y wakizashi) al mismo tiempo. Niten Ichi Ryu (“Dos Cielos en Uno”), el nombre de la técnica, alude al hecho de manejar dos filos a la vez. También gustaba de emplear una espada de madera maciza en sus duelos, que manejaba con mortífera eficacia. En realidad, Musashi nunca dejó de seguir cultivando sus habilidades con la espada. Solo que, pasados los 30, al parecer no sintió la necesidad de ponerlas a prueba. O de jugarse la vida en el proceso.

Musashi cuenta que venció su primer duelo a la edad de 13 años y, desde entonces y hasta el día de su retirada, libró un total de 60 combates en los que no fue derrotado una sola vez. En un arranque de humildad, él mismo admite que, si logró ganar a todos aquellos adversarios, fue simplemente porque eran más débiles que él. Sea falsa modestia o no, lo cierto es que Musashi se cuidó muy mucho de desafiar a algunos de los espadachines más acreditados de su época, como los maestros del clan Yagyu, instructores personales de esgrima de los shogunes Tokugawa. Pero también parece que algunos de los duelos más famosos que le atribuye la leyenda, como sus lances contra la escuela Yoshioka en Kyoto (antiguos instructores oficiales de la anterior dinastía de shogunes, los Ashikaga), o el duelo contra Inei, maestro lancero del templo de Hozo In, ocurrieron realmente. Y, si Musashi vivió para contarlo, es de suponer que salió victorioso de ellos.

toshiro mifune Musashi
El actor Toshiro Mifune caracterizado como Musashi

Ya hemos dicho que hay muchos mitos en torno a su persona. Dicen que llevaba muy mal el asunto de la higiene personal, y que nunca en su vida se dio un baño. Otros hablan de que iba siempre despeinado y vestido con harapos, y hasta le atribuyen enfermedades como sífilis o eccemas capilares. Es difícil discernir qué hay de verdad en todo esto pero, teniendo en cuenta que gran parte de su juventud se la pasó vagabundeando, como buen ronin errante que era, es de suponer que no iría muy aseado. Porque Musashi siempre fue un espíritu inquieto, siempre en busca de perfeccionarse a sí mismo. Sus viajes de entrenamiento por todo Japón, en pos de nuevos retos y rivales a los que enfrentarse, han quedado en el imaginario colectivo del país, y le dan al personaje cierto halo de romanticismo. La imagen arquetípica del samurái solitario que va desfaciendo entuertos de pueblo en pueblo, tantas veces vista en tebeos y películas, bebe directamente de su figura.

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Musashi era un maestro de la pintura de estilo sumi-e

Hacia 1640, en el ocaso de su vida, Musashi decide descansar de tanto trajín y busca asilo bajo el manto del clan Hosokawa, en la provincia de Higo (actual Kumamoto, en Kyushu). Allí pasará sus últimos días prácticamente como un eremita, en retiro y soledad. En 1645, poco antes de su muerte, termina la gran obra de su vida, el Libro de los Cinco Anillos, que recopila todas sus enseñanzas sobre el arte de la espada, la estrategia y la vida en general. Hasta aquí todo lo que sabemos del Musashi histórico.

Bueno, todo no. Falta un detalle, acaso el más importante. Cuanto menos, el pasaje más famoso de su vida. El duelo que le enfrentó a Sasaki Kojiro, que da título a este artículo. Podemos dar casi por seguro que el combate tuvo lugar realmente. Pero los detalles del lance son, como suele decirse, material de leyenda. Vamos a intentar analizar qué pudo ocurrir realmente en la playa de Ganryujima aquella mañana de abril de 1612, cuando las dos (supuestamente) mejores espadas de Japón se cruzaron. Pero, antes de nada, es de rigor hablar del hombre que estuvo frente a Musashi en aquella pelea.

¿Quién era Sasaki Kojiro?

Sasaki Kojiro, el otro protagonista de esta historia, es un tipo aún más envuelto en el misterio que el propio Musashi. Apenas sabemos nada de él, al menos de manera fiable. Algunas fuentes pretenden que tenía 18 primaveras en el momento de su duelo contra Musashi, pero eso se antoja altamente improbable. Al parecer se alojaba como invitado en el castillo de los Hosokawa, en Kokura. El poderoso clan Hosokawa, señores de la provincia, estaba pensando ofrecerle un puesto como instructor de esgrima en su corte. Resulta difícil creer que un muchacho de 18 años pudiese aspirar a semejante posición. Parece más acertado pensar que tendría ya sus buenos 40 o 50 años.

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A Sasaki Kojiro se lo suele representar como un tipo joven y bien parecido, vestido de manera elegante y con una larga katana

Se dice que Kojiro era un ronin originario de Echizen (actual prefectura de Fukui, al Norte de Kyoto). Todo indica que había sido discípulo de Toda Seigen, o al menos había aprendido el arte de la espada en su escuela. La misma escuela, dicho sea de paso, en la que estudió por las mismas fechas el célebre Itto Ittosai antes de fundar su archifamoso estilo Itto Ryu. Kojiro hizo algo parecido y acabó independizándose de su maestro para crear también su propio estilo, al que llamó Ganryu. La tradición nos dice que Kojiro gustaba de usar espadas especialmente largas, con hojas de más de noventa centímetros (lo cual, en realidad, tampoco es una longitud exagerada para una katana de la época). Su acero favorito, Monoboshi Zao (“Vara de tender la Ropa”) tenía ese nombre, cuentan, por su extremada largura.

La técnica de Kojiro también es un misterio. Ha quedado para la historia el nombre de Tsubame Gaeshi (“Giro de la Golondrina”), el golpe maestro de la escuela Ganryu, pero no se sabe en qué consistía exactamente. Haciendo un poco de ingeniería inversa, estudiando los tratados de esgrima de la época, podemos especular que se trataba de una especie de finta en la que, tras dar un potente tajo descendente, se efectuaba un rápido giro de muñeca para dar otro en dirección ascendente. Otros dicen que el Tsubame Gaeshi era una técnica que Kojiro había perfeccionado a base de asestar katanazos a golondrinas en pleno vuelo, para horror de los ecologistas de la época. Otros hablan también de la técnica Kosetsu (“Corta-Tigres”), pero de esta sabemos todavía menos.

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La tradición pinta a Kojiro (izquierda) como un hombre bien parecido, y a Musashi (derecha) como poco menos que un salvaje

La leyenda pretende que Musashi y Kojiro eran rivales por destino, enemigos por antonomasia, una especie de Darth Vader y Obi Wan Kenobi del Japón feudal, condenados a enfrentarse quisieran o no. Probablemente la realidad era más prosaica. Históricamente, el caché de un samurái siempre se midió en relación a sus méritos con las armas. En tiempos de guerra, en base a las cabezas enemigas que se cobraba en el campo de batalla. En tiempos de paz como aquellos, qué remedio, en base a los adversarios derrotados en duelo individual. Cuanto más renombre tuviera el rival abatido, mejor. Así que, al coincidir en un mismo lugar dos reputados duelistas como Musashi y Kojiro, la cosa estaba clara. Con una pieza tan suculenta a tiro de katana no quedaba sino batirse, que diría Pérez-Reverte

La tradición dice que Sasaki Kojiro fue el adversario más fuerte al que jamás se enfrentara Musashi. Pero en realidad el lance no debió de dejarle una impresión demasiado honda, porque no lo menciona en ninguno de sus escritos. Quién sabe, tal vez simplemente preferió olvidar lo sucedido en Ganryujima. Porque, como veremos, algunas versiones de los hechos no dejan a Musashi en muy buen lugar.

Duelo en Ganryujima

La versión canónica del duelo es más o menos como sigue. En la primavera de 1612, Miyamoto Musashi, a sus 29 años, dirigió sus pasos a Kokura, en el Norte de la isla de Kyushu. Allí se alojó en casa de Nagaoka Sado, un samurái vasallo de los Hosokawa que antaño había sido alumno de su padre, Munisai. Por casualidades de la vida o por maquinaciones del destino, un afamado espadachín, Sasaki Kojiro, se encontraba también de paso por Kokura. Si bien Musashi estaba aún haciéndose un nombre por sí mismo como duelista, Kojiro era ya un tipo consagrado. Su buen nombre le precedía. No solo era un maestro de la espada, sino que también tenía fama de hombre culto y elegante, bien versado en etiqueta cortesana. Se hospedaba en el castillo como invitado personal de los Hosokawa, y se rumoreaba que pronto entraría a formar parte del séquito de Hosokawa Tadaoki, daimyo de aquellas tierras.

mapa musashi
Mapa de los principales lugares asociados a la vida de Miyamoto Musashi

La oportunidad era demasiado tentadora como para dejarla pasar. Musashi quiso medir sus fuerzas con tan formidable adversario y le envió la carta de desafío de rigor, que Kojiro aceptó al punto. Al estar Musashi hospedado en casa de un vasallo de los Hosokawa, retar a duelo a un huésped personal del propio señor Hosokawa podía suponer un problema de protocolo, pero el desafío se cursó siguiendo los cauces oficiales pertinentes y nadie puso mayor inconveniente. El duelo se fijó a las 8:00h de la mañana del 14 de abril en la isla de Funajima, un pequeño islote en mitad del estrecho de Shimonoseki, frente a la costa de Kyushu. Tras el duelo la isla sería conocida popularmente como Ganryujima, por el estilo de esgrima de Sasaki Kojiro, aunque su nombre oficial a día de hoy sigue siendo Funajima.

El día anterior al combate, Musashi desapareció de casa de Nagaoka Sado dejando una simple carta a modo de despedida, en la que explicaba que no quería causar a su anfitrión más molestias. Por más que lo buscaron, nadie pudo dar con él en todo Kokura. Llegó el día señalado y Kojiro se presentó a la hora convenida, ataviado con sus mejores galas y su querida Monoboshi Zao al cinto. Pero Musashi no aparecía por ningún sitio. Kojiro y sus testigos esperaron y esperaron en la playa, hasta que al fin vieron acercarse un pequeño bote de remos con el retador a bordo. Una partida de samuráis del clan Hosokawa lo habían encontrado horas antes en una posada cercana, durmiendo como un tronco.

Miyamoto Musashi vs Sasaki kojiro ukiyoe
El famoso duelo en Ganryujima ha inspirado a generaciones de artistas japoneses, desde principios de la era Edo hasta nuestros días

Cuando lograron despertarlo, Musashi se puso a desayunar y a vestirse con toda la parsimonia del mundo, haciendo caso omiso a las prisas de los oficiales. Parecía haber olvidado por completo que había quedado para batirse a muerte esa misma mañana. Musashi llegó a la isla varias horas más tarde de lo convenido, pero sin muestra ninguna de agitación. Llevaba su desastrada ropa de diario, con las mangas de su kimono atadas a la espalda con una cinta para facilitarle los movimientos y una tosca toalla enrollada en la frente a modo de bandana. Como arma portaba un simple palo de madera con forma de espada, que había tallado poco antes de manera improvisada a partir de un remo de barca. Al lado de los finos ropajes y la figura apuesta de Kojiro, eran como el día y la noche.

Nada más verlo bajar de la barca, Kojiro lo reprendió desde la orilla. “¿Tienes tanto miedo que se te ha olvidado hasta la hora de nuestro duelo?”, le espetó. Musashi no dijo ni pío y se limitó a ponerse en guardia con su cachiporra, aproximándose lentamente a su adversario. Kojiro se aprestó para recibirle, desenfundó su katana y lanzó la vaina al suelo. Al ver que las olas se la llevaban mar adentro, Musashi sonrió burlonamente y le dijo:

– ¡Estás perdido, Kojiro! El resultado de este duelo ya es cosa hecha.
– ¿Cómo dices? – respondió Kojiro, confundido
– ¿Desde cuándo un guerrero que espera salir victorioso arroja la vaina de su espada al mar?

Musashi, maestro consumado de la guerra psicológica, habló a Kojiro de la vaina como podría haberle mencionado el vuelo de las gaviotas o la cuadratura del círculo. Sus palabras eran una simple táctica para desestabilizarlo. Otro tanto podría decirse de su deliberado retraso en presentarse a la cita. Sea como fuere, la estrategia surtió efecto. Kojiro se las arregló para mantener la compostura, pero estaba visiblemente enfadado por la impertinencia de Musashi. Elevó su espada por encima de la cabeza, en posición de guardia alta, y se dispuso a terminar el combate de una maldita vez. Apuntó a la frente del rival y su Monoboshi Zao descendió a la velocidad del rayo. Al mismo tiempo, Musashi descargó también su golpe sobre la cabeza de Kojiro. La suerte estaba echada.

Ambos ataques sucedieron al mismo tiempo. Los dos contendientes permanecieron inmóviles, frente a frente, en la misma postura en la que habían finalizado sus estocadas. Durante unos momentos que parecieron eternos, todos contuvieron la respiración. Al fin, la toalla que Musashi tenía enrollada en la frente cayó, partida en dos, y se la llevó el viento. Acto seguido, Kojiro se derrumbó en el suelo sin exhalar siquiera un gruñido. Al fin, Musashi reaccionó. Avanzó de dos zancadas hasta donde yacía su rival, lo remató de un solo golpe y observó impasible sus últimos estertores. Acto seguido, se volvió hacia los testigos del duelo, los saludó con una reverencia y, sin esperar a que nadie pudiera decir una palabra, abordó con paso resuelto el bote y puso rumbo de vuelta a tierra firme. Apostado en la proa de la barca, Musashi, sin volver la vista atrás por un momento, contemplaba en silencio el anchuroso mar que se extendía ante él.

miyamoto musashi vs sasaki kojiro monumento ganryujima
Un monumento de piedra en la isla de Funajima (Ganryujima) recuerda hoy en día el momento culminante del duelo entre Musashi y Kojiro

La narración es un tanto peliculera, pero es la que ha quedado para la Historia. Ahora bien, tenemos motivos más que fundados para dudar de la veracidad de estos hechos. El principal problema es que este relato está basado en la historia recogida en el Nitenki, una recopilación de textos y anécdotas sobre la vida de Musashi cuyo valor como fuente histórica es más bien escaso.

¿Sucedieron así las cosas?

El Nitenki, que puede traducirse como “Escritos sobre los Dos Cielos”, en referencia al estilo de esgrima creado por Musashi, es una especie de hagiografía del maestro creada por integrantes de su escuela, para mantener vivo su recuerdo entre los alumnos de las nuevas generaciones. Compilado en torno a 1776 (más de 150 años después de su muerte) a base de juntar anécdotas e historias de tradición oral de aquí y allá, todo atisbo de rigor histórico brilla por su ausencia. La mayoría de los historiadores consideran el Nitenki como poco más que un relato de ficción pero, de un modo u otro, es su versión de los hechos la que ha quedado en el imaginario colectivo.

Probablemente las novelas de Eiji Yoshikawa, que toman el Nitenki como principal fuente de inspiración, tienen buena parte de culpa. Yoshikawa fue un escritor de novela histórica muy popular en el Japón de mediados del s. XX. Solía publicar sus obras a modo de folletín por entregas en los periódicos, y su éxito entre el público era descomunal. Un auténtico Alejandro Dumas japonés. A él le debe Musashi su tremenda popularidad hoy en día. Antes de que empezara a publicar, en la década de los 30, sus novelas sobre Musashi, este era casi más conocido por su faceta de pintor que por sus dotes como duelista. Pero, siendo justos, Yoshikawa tampoco engaña a nadie. Nunca pretendió escribir un relato cien por cien histórico, su objetivo era simplemente contar una historia interesante. No es culpa suya que los lectores no hayan sabido (o querido) distinguir la ficción de la realidad.

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Portada occidental de las novelas de Eiji Yoshikawa, que muestra a Musashi en su característica postura de guardia con dos espadas

Además del Nitenki, existen otras fuentes a tener en cuenta. Y todas nos dan un relato distinto del duelo en Ganryujima. Hay historias para todos los gustos, a cual más estrambótica. Hay quien dice que Musashi se talló no una, sino dos espadas con la madera del remo, y despachó a Kojiro con su característico estilo de los Dos Cielos. Otros apuntan que la isla estaba llena de gente (¡casi dos mil personas!) que había acudido a ver el duelo, cuando se supone que estaba expresamente prohibida la presencia de público. Cualquiera que haya estado en el minúsculo islote de Ganryujima sabrá que juntar a dos mil personas allí es una tarea harto complicada. Los duelistas apenas habrían tenido sitio para blandir la espada sin sacarle el ojo a alguien. Lo único que parece seguro es que Kojiro no salió vivo de Ganryujima. Hoy en día, una lápida de piedra cerca de la playa marca el lugar donde, teóricamente, está su tumba.

¿Duelo de titanes o pelea barriobajera?

Lo más sensato es no creerse ni la mitad de lo que cuentan las fuentes de mediados y finales de la era Edo, y no digamos las posteriores. La más versión más fiable del envite, probablemente, es la que un testigo presencial, Numata Nobumoto, vasallo del clan Hosokawa, dejó escrita en su diario. Nobumoto pasa de puntillas por el duelo, del cual solo comenta brevemente que Musashi y Kojiro se batieron en buena lid en un islote en mitad del estrecho de Shimonoseki, y Musashi venció. Se había acordado previamente que ambos contendientes acudirían solos, sin ningún discípulo que los acompañara. Hasta aquí, todo transcurre según el relato que conocemos. El giro viene ahora.

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La imagen de Musashi en la playa de Ganryujima ha quedado para la leyenda

Contraviniendo las reglas, Musashi sí que se trajo consigo a varios alumnos de su escuela, que remataron a Kojiro en el suelo después del combate. Musashi solo lo habría dejado malherido en el duelo. Los discípulos de Kojiro, al enterarse, acudieron en tropel a la isla, con la intención de linchar a Musashi y a los suyos. La autoridad competente (o sea, Numata Nobumoto y sus hombres) tuvo que intervenir para sacarlos de allí y evitar que la cosa acabara como el rosario de la aurora. Musashi corrió a ponerse bajo la protección de Nobumoto, quien vio que la única solución era poner tierra de por medio y mandarlo a la vecina provincia de Bungo, lejos de las iras de los alumnos de Kojiro. Hizo falta una escolta de arcabuceros montados a caballo para asegurarse de que Musashi abandonara las fronteras de Kokura de una pieza. Numata nos cuenta todo esto en su diario, recopilado para la posteridad a finales del s. XVII, unas cuantas décadas después del famoso duelo.

A partir de este relato, algunos historiadores, como Mukashi Harada, apuntan teorías interesantes que analizan los hechos desde un prisma muy diferente. Según Harada,  Sasaki Kojiro habría sido en realidad un pez gordo en la región de Kokura, un gerifalte local con un nutrido grupo de seguidores en la región. De hecho, a día de hoy el apellido Sasaki es bastante común en la zona, lo que puede sugerir que el clan ha tenido allí su base de poder desde mucho tiempo atrás. Tras la batalla de Sekigahara, en 1600, los Tokugawa comienzan su política de recolocar a los daimyo en nuevos territorios de manera poco menos que arbitraria. A los Hosokawa les tocó en suerte Kokura, un lugar en el que eran unos perfectos extraños. El clan Sasaki, que llevaba generaciones cortando el bacalao en la zona, habría supuesto una potencial amenaza para la autoridad de los Hosokawa.

Así, los Hosokawa se habrían valido de los servicios de Musashi para descabezar (literalmente) al clan Sasaki y cortar por lo sano cualquier conato de oposición. El duelo en Ganryujima no habría sido más que una tapadera para acabar con el molesto Kojiro. Harada incluso apunta que podrían haber sido directamente hombres de los Hosokawa quienes remataron al vencido Kojiro, y luego simplemente pusieron a Musashi a salvo en una provincia vecina. Años después, le pagarían bien el favor acogiéndolo en sus tierras en el ocaso de su vida.

miyamoto musashi vagabond
Musashi ha protagonizado decenas de películas, seriales y tebeos, como el célebre Vagabond, de Takehiko Inoue

La teoría es, cuanto menos, interesante. Y, conociendo los oscuros juegos de poder del Japón de la época, suena hasta creíble. ¿Significa esto que Musashi era un simple peón en medio de una gran conspiración? Nunca lo sabremos. Lo que sí parece fuera de toda duda es que en el duelo propiamente dicho, en el choque de aceros puro y duro, ganó él. Lo que pasara después queda para las tinieblas de la Historia. Debió de ser una victoria amarga, o al menos una experiencia que lo marcó profundamente porque, a partir de entonces, hay un giro en su vida. Abandona su obsesión por los duelos y se concentra en su carrera como artista. El Musashi que regresa de Ganryujima mira en una dirección diferente. Es un hombre nuevo, distinto, con otras metas más elevadas.

¿Era Musashi un tramposo?

Tradicionalmente, se ha acusado a Musashi de usar tácticas poco honorables para derrotar a sus adversarios. En parte por la fascinación japonesa por los héroes caídos, y en parte por lo poco ortodoxo del comportamiento de Musashi, lo cierto es que el público japonés siempre ha mostrado cierta preferencia por Kojiro. No en vano la isla de Funajima, en la que tuvo lugar el duelo, se llama hoy en día Ganryujima (“Isla de Ganryu”) en honor a él, y no Musashijima, como sería de esperar. Sin abrir de nuevo el escabroso melón de si fueron los alumnos de Musashi quienes remataron a Kojiro, si analizamos el combate por lo que sabemos de él a ciencia cierta, es complicado juzgar si Musashi se comportó de manera censurable.

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Este biombo con patos salvajes es una de las obras más famosas de Musashi como pintor

Musashi ya había empleado la táctica de llegar tarde en duelos anteriores, como parte de su estrategia de guerra psicológica. A ojos de personas del s. XXI tal vez no parezca la manera más correcta de proceder, pero sería un error valorar desde nuestro sistema de valores el comportamiento de gentes nacidas en el s. XVI. La idea que los samuráis de finales de la era Sengoku y principios de la era Edo tenían de los duelos estaba lejos de la visión romántica que podemos tener hoy en día. Eran un asunto de honor, sí, pero los samuráis no se batían por mero deporte para ver quién era más diestro con el acero. Eran combates a muerte, una guerra a pequeña escala entre dos contendientes. El propio Musashi explica su punto de vista (acaso como justificación para sus actos) en un pasaje de su Libro de los Cinco Anillos:

“Las tácticas de combate individual deben ser aplicables también a batallas a gran escala. En otras palabras, lo que vale para un duelo uno contra uno sirve igualmente para una batalla campal con cientos de tropas desplegadas.”

Y viceversa, cabría añadir. En la mente de Musashi, no había diferencia ninguna entre una “guerra” entre dos individuos y una guerra convencional entre dos ejércitos. Las batallas no se libran en un lugar y a una hora prefijadas. Si los ataques sorpresa están a la orden del día en la guerra convencional, no hay razón para que no lo estén en una “guerra” personal entre dos espadachines. Para Musashi, en esencia, ambas cosas son lo mismo, y se atienen a las mismas reglas. O sea,  no tienen reglas. Miyamoto Musashi habría suscrito de buen grado ese viejo adagio de que en el amor y en la guerra, todo vale.

Con todo, cabe la posibilidad de que la tardanza de Musashi no hubiese sido intencionada. El islote de Ganryujima está en medio del estrecho de Shimonoseki, que separa las dos islas principales del archipiélago japonés, Honshu y Kyushu. Las corrientes en ese lugar son tremendas, y cuando la mar está de mal humor no es fácil avanzar ni para los modernos barcos a motor de hoy en día. No es descabellado pensar que una barca de remos como la que transportaba a Musashi tuviera problemas por un cambio de marea o algo similar, y eso le hiciera tardar más de la cuenta en llegar a su destino. Musashi advierte en su Libro de los Cinco Anillos sobre los contratiempos de los viajes por mar, para los que siempre hay que estar preparado y planificar las cosas con antelación. Tal vez el consejo es fruto de su propia experiencia en Ganryujima.

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El monje Hotei observando una pelea de gallos, otra de las obras maestras de Musashi

En cualquier caso, Musashi siempre se caracterizó por emplear tácticas poco convencionales. Él mismo era un tipo poco convencional. Usar dos filos a la vez o blandir una espada de madera ya pueden considerarse excentricidades. También se cuenta que ganó algún que otro combate lanzando su katana contra el pecho del enemigo, como si fuera un puñal arrojadizo, algo casi inconcebible para un samurái de la época. Pero, sobre todo, era un maestro a la hora de desestabilizar al adversario a base de tretas psicológicas. Era su manera de luchar, simple y llanamente.

Solo quienes estuvieron presentes en Ganryujima aquella mañana de abril de 1612 saben a ciencia cierta cómo ocurrieron las cosas. Las historias en torno a este duelo mítico son tantas, y se contradicen en tantos puntos, que es difícil acertar con qué quedarse. En los siglos siguientes la escena se ha repetido y recreado miles de veces en cine, teatro, novelas, tebeos, videojuegos… y con cada nueva iteración se añaden nuevos matices y giros, que complican aún más la trama. Tal vez sea mejor quedarse con lo básico. Dos samuráis frente a frente, batiéndose en duelo. Uno vence, el otro cae. Simplemente eso. Lo demás, queda para la leyenda.

Fuentes e imágenes:

  • Sugawara, M.; (1985) Lives of Master Swordsmen; The East Publications
  • Tokitsu, K.; (2005) Miyamoto Musashi, His Life and Writings; Weatherhill
  • samurai-archives.com
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23 comentarios sobre “Miyamoto Musashi vs. Sasaki Kojiro: el duelo más famoso de la Historia de Japón

  1. Justo este enero pasado me he leido completas las novelas de Eiji Yoshikawa sobre Mushashi y aunque claramente no son historicas, si que te dan una vision del Japon de la epoca muy interesante, para cualquier persona interesada en los samurais. Lo recomiendo cien por cien.

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    1. ¡Gracias por tu comentario! La verdad es que muchos hemos conocido a Musashi primero a través de las novelas de Yoshikawa, que son una manera estupenda de introducirse en la Historia de Japón. Fue precisamente gracias a su serie Taiko (centrada en Toyotomi Hideyoshi) que empecé a interesarme de verdad por esto del Japón feudal, hace ya más años de los que puedo recordar. Coincido contigo en que las obras de Yoshikawa son más que recomendables, aunque nunca está de más saber qué hay de realidad histórica detrás de la ficción.

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  2. Yo leí las novelas de Yoshikawa hará unos tres años y me encantaron, me bebí los libros totalmente enganchado tanto por la historia interna como por el contexto histórico en el que lo enmarca. No pude resistirme luego a ver documentales y leer más acerca del personaje de Mushashi. Ni que decir tiene que me ha parecido un artículo excelente.

    En las novelas se hace mención al por qué Mushashi se hizo una espada de madera con el remo. Al usar Kojiro espadas más largas de lo habitual, se hizo una con el remo algo más grande, de manera que cuando se produjo el choque, la espada de Kojiro sólo le alcanzó la cinta de la frente, sin embargo el remo llego a impactar.

    Sigue siendo peliculero, pero creo que bastante creíble. Sabes si hay más información acerca de esto?

    Una vez más, gran trabajo :)

    Un saludo

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario, y por los elogios también!

      De hecho, me alegro de que menciones el tema de la longitud del remo de Musashi, porque es un detalle que querría haber metido en el artículo pero, como ya se hacía demasiado largo, tuve que dejarlo fuera. Según las fuentes que he consultado, al parecer sucedió tal y como dices: Musashi utilizó aposta un palo de madera bastante largo, precisamente, para contar con un arma de mayor alcance que la de Kojiro. Además, aunque esto ya es imposible saberlo a ciencia cierta, se dice que adoptó una postura de guardia especial (con la espada baja, echada a un lado, y el cuerpo de costado), de modo que el garrote quedaba oculto por el propio cuerpo de Musashi y Kojiro no podía adivinar su longitud exacta. Vaya usted a saber qué ocurrió realmente pero, personalmente, a mí también me parece bastante creíble.

      Para saber más al respecto, si dominas el inglés, te recomiendo los libros que aparecen en la sección de “Fuentes” del artículo. Sobre todo el “Miyamoto Musashi, His Life and Writings” de Kenji Tokitsu, que es de lo mejorcito que se ha escrito sobre Musashi en lengua occidental. A no ser que te metas ya en bibliografía en japonés, el resto de libros que me he encontrado (tanto en castellano como en inglés) suelen ser bastante fantasiosos. Para eso, sinceramente, casi mejor quedarse con las novelas de Yoshikawa, que son más amenas de leer xD

      ¡Un saludo para ti también!

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  3. Magnífico artículo, combinando, pero no confundiendo como a menudo tristemente sucede, rigor histórico, hipótesis plausibles y opinión propia. Escrito, además, con pulso y ganas de generar interés.
    No conocía la página pero me acabo de convertir en fan.
    Gracias por escribirla!
    P.D.: Como diletante de las artes marciales, me gusta pensar que, efectivamente, Musashi desarrolló una estrategia para derrotar a su rival, yendo más allá de su propia habilidad con el acero, que empezó en el juego psicológico y terminó con el desarrollo de un arma que le diera una ventaja clara en el duelo.

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    1. ¡Muchas gracias por los elogios! Me alegro de que te hayan gustado el artículo y el blog en general. Como le he dicho a otro lector, nos quedan muchas historias por contar todavía, así que, ya sabes, pásate por aquí siempre que quieras ;)

      Y respecto a la estrategia de Musashi, personalmente pienso que lo tenía todo bastante calculado. Musashi podría ser muchas cosas, pero desde luego tonto no era. Jamás se le habría ocurrido presentarse en un duelo a muerte sin antes haber estudiado a fondo su estrategia y la de su adversario. No creo que fuera el tipo de persona que va por la vida improvisando, y menos aún en asuntos de espadas. Probablemente esa era la clave de sus victorias, más que su habilidad con la katana. Pero claro, para saberlo a ciencia cierta habría que haber estado allí viéndolo pelear.

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  4. Me parece una artículo excelente. Lo he disfrutado mucho. Ya había leído antes que hay más de leyenda que de veracidad en torno a la figura de Musashi, y vuestra exposición sobre las distintas versiones me ha parecido genial.
    Nos leemos!

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    1. ¡Gracias por tu comentario, y también por los elogios! Tratándose de Musashi es difícil discernir dónde acaba el hombre y empieza el mito, pero ahí está lo divertido, en tratar de separar la paja del trigo.

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  5. Muy buen artículo. Ha sido verdaderamente provechoso.
    Me ha gustado la proyección del autor para discernir la realidad entre tanto mito, sobre todo porque no soy conocedor de la historia del Japón feudal.

    Considero muy plausible la teoría del historiador Mukashi Harada y es posible que esta nos sirva para comprender por qué Musashi no menciona en su libro el asunto de Kojiro y su cambio de vida. Quizás (es lo que me llevo de esta lectura) Musashi se dió cuenta que fue un instrumento de los Hosokawa siendo él un Ronin y que lo que sucedió en la isla no fue algo muy digno de vanagloriarse.

    De nuevo, excelente lectura incluso para neófitos en el tema como yo.

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    1. ¡Muchas gracias por los elogios! Me alegro de que te haya parecido un artículo interesante y, sobre todo, que te haya servido para aprender algo nuevo. Para eso estamos aquí, para tratar de enriquecernos e ilustrarnos un poco ;)
      La tesis de Mukashi Harada es bastante arriesgada pero, si se piensa bien, tiene bastante sentido. Además, sirve para explicar alguno de los puntos más oscuros del duelo entre Musashi y Kojiro. Las piezas encajan bastante mejor que en el relato tradicional. Solo por eso creo que ya merece la pena dar esta teoría a conocer.

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  6. Como fan que soy de Musashi, tengo que reconocer que tu artículo me ha encantado. Enfocas una leyenda histórica desde varios puntos e intentas arrojar luz, pero dejas que sean los lectores los que saquen su propia conclusión.

    Aquí va mi opinión al respecto sobre lo que ocurrió. Opino que Musashi fue un gran hombre y guerrero, muy impulsivo en ciertos aspectos, pero para nada alguien estúpido en lo que al arte del duelo se refiere. Sin embargo, ambicioso cómo el solo, no me atrevería a decir lo mismo en cuanto a su personalidad fuera del duelo. Lo más probable en mi opinión, es lo siguiente. Musashi no dejaba de ser un pobre diablo ronin cuando se enfrentó a Sasaki Kojiro, que probablemente fuese un duelista hábil y con gran experiencia. En aquella época, lo que Musashi hacía porque no le quedaba más remedio, muchos samuráis lo habían hecho antes para mejorar como personas. Es lo conocido como “musha shugyo”. Probablemente, Kojiro le sacase unas cuantas primaveras a Musashi, e incluso experiencia con la espada. Según tengo entendido, por diversas fuentes, cuentan que era uno de los mejores espadachines de todo japón.

    Ahora planteémonoslo de la siguiente forma. Musashi fue hijo de unos samuráis menores. Su propio padre lo dio en adopción a su tío y se crió en un monasterio. A los 15 años se fue a vivir mundo y aventuras y combatió en Sekigahara a los 16/17 años en el bando perdedor. Dicen que salió con vida de allí gracias a que se le vino un cadáver encima, y detrás de él unos cuantos más y quedó sepultado bajo varios cadáveres, y lo confundieron con uno más.

    Si bien posiblemente no supiese vivir de otra forma, lo cierto es que no le quedó mucho más remedio que vagabundear por ahí. En una sociedad marcial y dónde tu estatus influía en tu riqueza tanto o más que a la inversa, no tenía más posibilidades de prosperar que a través de la espada. Y sin embargo no tenía maestro formal. No le quedó mucho más remedio que ganar los duelos como fuese. Si sobrevivió tantos duelos, probablemente fue por pillería y por pura voluntad de hacerlo, una mezcla de ambas. Además, dicen de él que era físicamente superior a casi cualquier samurai que se pudiese encontrar en aquella época (metro ochenta y sus buenos ochenta kilitos de puro músculo, en una época en el que la media andaba en el metro sesenta y pico, de hecho los japoneses siguen sin ser físicamente grandes ni especialmente fuertes).

    De él se dice que no fue el mas diestro con la espada. Si bien estoy seguro que no fue un inútil, estaría dispuesto a apostar mis dos manos a que sí que no fue el mejor espadachín de su época. Pero sí el mejor guerrero, o al menos el mejor duelista. Porque no todo es técnica.

    Basándome en esto y en algunas de las cosas que has dicho, voy a predisponerme a darte mi versión de los hechos de lo ocurrido en aquella mañana de allí y algunos días atrás.

    Musashi ya se había ganado cierta fama con lo de los duelos. Era un ronin con ciertas capacidades y su nombre se había extendido ya por todo japón debido a algunas victorias que había conseguido, de manera más o menos ortodoxa y lícita, pero indudablemente efectiva. A los Hosokawa, que querían obtener control sobre la provincia, les estaba picando la figura de Sasaki Kojiro, gran maestro espadachín (probablemente más diestro que Musashi) y símbolo de masas. Dudo que llegase a los 40 años, realmente, porque a partir de cierta edad, los samurais reuían los duelos como gato el agua. Se tenía respeto por los mayores, y más si eran maestros de un dojo y su época dorada había pasado. Difícilmente iban a aceptar un duelo si no tenían cierta confianza en que podían ganarlo. Y Kojiro, maestro de escuela, no iba a aceptarlo sin interponer un maestro por en medio si no estuviese completamente seguro de sus posibilidades. Probablemente contase con alrededor de treinta y cinco años, quizá unos pocos más. Quizá no estuviese en tan buena forma como Musashi, ciertamente, y estuviese más… acomodado, pero su técnica era enormemente impecable y tenía completa confianza en que podía ganar el duelo. Pero vámonos más atrás. Antes de que se aceptase el duelo, tendría que haber sido lanzado. Si Musashi se había cuidado tanto de no retar a según qué oponentes, ¿qué podría haber sido lo que lo impulsase a retar a Kojiro?

    Bueno, no es ningún secreto que Musashi llevaba ya varios años danzando por ahí. Y estoy bastante seguro de que eso cansa. Cansa mucho. Probablemente Musashi estuviese pensando ya en asentar cabeza. Quizá incluso en encontrar en algún momento mujer y dar descendencia. Al fin y al cabo, aunque la figura de Musashi ha sido santificada, él no dejaba de ser hombre al fin y al cabo. Con las mismas inquietudes que cualquier otro hombre. Y por aquellas, tener familia, más cuando eres un vagabundo errante que ve que va a acabar sus días solo, es una de ellas. A nadie le gusta vivir ni morir solo. Seguro que ni siquiera a un hombre solitario como Musashi. Peeeero… para eso necesitaba bienes, dinero, y una posición social aceptable. Según tu mismo dices, los Sasaki tenían allí una posición respetable, y los Hosokawa habían sido enviados para afianzar la posición de los Tokugawa allí. Probablemente supiesen quién era Musashi y tuviesen sospecha de en qué bando había participado. Así que le hicieron una oferta. Un duelo contra Sasaki Kojiro a cambio de bienes, una posición social respetable, y olvidar su pasado en Sekigahara. ¿Qué más podía pedir?

    Me atrevería a decir que Musashi no estaba seguro de si debía o no aceptar aquella proposición. Al fin y al cabo los Sasaki eran enemigos virtuales de los Tokugawa, y ya se sabe lo que se dice, los enemigos de tus enemigos… son tus amigos. Los convertía en aliados virtuales de los Toyotomi, en cuya facción había peleado Musashi años atrás. En un Japón feudal en el que muchos otros samurais no habrían dudado ni un segundo en cambiar lealtades con los Tokugawa dominando la política japonesa, Musashi, aún siendo todo lo sucio que pudiese ser en el campo de batalla, seguramente se tomaba en cierta forma más a pecho aquello de las lealtades. A pesar de que había sido un chiquillo cuando había luchado en favor de los Toyotomi, los ideales de juventud nunca acaban de perderse, y decían de hecho de Hideyoshi que había sido un lider benigno y de grandes virtudes. Además, de origen humilde (se dice que en su momento había sido un hijo de campesino elegido por Oda Nobunaga para unirse a su corte como yojimbo), había llegado a lo más alto partiendo de la nada, a base de seguir fielmente los preceptos del bushido, y que todos los que pelearon en su bando eran leales hasta la muerte, a él y a su descendencia. Sanada Nobuhige y Mitsunari Ishida pueden dar buena cuenta de esto. Musashi fue un poco más listo que ellos dos y probablemente por eso salió vivo. Sea como fuere, ni siquiera alguien tan pragmático cómo él estaba libre de reconocer y admirar las bondades del Bushido que la familia Toyotomi representaba, y con seguridad no era plato de buen gusto esa suerte de traición que estaba por cometer. Para más, para situarse del lado de los Tokugawa, que a decir verdad no eran dechado de virtudes. Se dice de Ieyasu que era poco valiente, y que no habría sido nada sin la figura de uno de los mayores generales de la historia japonesa, Honda Tadakatsu, o sin el servicio del más famoso ninja de todos los tiempos, Hattori Hanzo.

    Pero un estómago vacío es un estómago vacío, y probablemente a Musashi, como siempre, le acabó valiendo más el pragmatismo que unos ideales innecesarios y poco válidos para mantenerse vivos. Especialmente con los Hosokawa vigilándolo de cerca. No tuvo más remedio que aceptar. Y aquí viene mi interpretación de la historia. A pesar de que Musashi aceptó, debió estar dudando toda la noche anterior al duelo. A mitad de la noche debió querer escapar de dónde estaba para no acudir al duelo. Era un ronin, le valía madres el honor. Para más, posiblemente escuchase de alguien durante esos días que Kojiro era increíblemente diestro con la espada larga, y más en aquella zona dónde gozaba de popularidad entre la gente. Musashi, que no tenía nada personal contra Kojiro, y más estando en teoría en el mismo bando en el que él había estado, prefirió poner pies en polvorosa. No tenía motivos reales para luchar contra él, y mucho menos si podía perder su vida. Pragmatismo y honor le decían que debía escapar. No había discusión que valiese. Pero ah, los Hosokawa le tenían bien vigilado y debieron seguirle la pista durante toda la noche hasta que lo encontraron en una de las posadas cercanas. Al fin y al cabo era la oportunidad que tenían para hacerse con el control de la región. Musashi era la forma fácil de romper con el control de los Sasaki allí. Es casi como si pudiese verlo. Lo encontraron durmiendo y lo levantaron con la punta de una espada en la garganta. Obviamente, Musashi, reticente, tuvo que aceptar. Si hubiese sido uno solo el que hubiese ido a buscarlo, podría haber intentado matarlo en un despiste, pero con sabe dios cuantas miradas en su nuca, siempre pendiente de cualquier paso en falso, luchar no era una opción. Aún cuando consiguiese vencerlos pasaría a ser un fugitivo de la justicia por haber matado a hombres de un clan favorable a los Tokugawa, y no habría muchas regiones, por no decir ninguna, en la que fuesen a darle cobijo a un ronin fugitivo de la justicia. De ahí, probablemente, que esté escrito que Musashi hiciese tiempo y se tomase con parsimonia el desayunar, asearse y vestirse. Probablemente no tenía prisa por ir al encuentro de la muerte y estaba buscando una forma de escapar sin derramamiento de sangre.

    Para su desgracia, esto no ocurrió. Posiblemente, dada la peligrosidad del duelo, llamase a algún discípulo de la zona para que lo ayudase a sobrevivir en caso de que fuese necesario, aunque no se cuantos discípulos estarían dispuesto a seguirle a la muerte contra el mayor maestro de la espada de los Sasaki, así que me parece bastante razonable pensar que acudiese solo, o incluso escoltado por alguna barca de los Hosokawa. A lo sumo se llevaría a un discípulo con él en la barca que remaría mientras él tallaba una espada de uno de los remos. Posiblemente tuviese problemas con las mareas y eso retrasase aún más su llegada, de ahí que se diga que llegó 3 horas tarde al duelo.

    En cuanto a la técnica utilizada por Musashi en el duelo, si que me atrevo a especular menos. No obstante, me atrevo a pensar que fue ahí dónde decidió usar una espada corta en su mano mala (no olvidemos que Musashi era zurdo de nacimiento), para contrarrestar la ventaja de rango de la espada rival. Si quería tener una posibilidad de sobrevivir, debía poder contrarrestar el rango de la espada rival de alguna forma. ¿La más obvia? Si llevaba algo para bloquear en la mano torpe, podría bloquear el tajo de la espada rival y entonces dar un paso adelante y alcanzar a su enemigo con la espada larga. Además, Musashi había sido instruido de pequeño por su padre en el uso del Sai y el Jitte, del que se dice que Munisai era maestro, así que posiblemente pensase que su billete a la supervivencia pasase por rescatar los conocimientos de su niñez. Nunca sabes cuando más te va a hacer falta algo así. Además, en una amarga burla de la que no se si Musashi sería consciente (quizá sí y por ese golpe de ironía sintió que debía hacer tal cosa), el Wakizashi simboliza el honor, el deber y la lealtad de un samurai, y era justamente eso lo que lo tenía atrapado en aquella situación. Visto incluso de esa forma romántica, parecía que tallar un wakizashi para su mano torpe era una obligación. Nuevamente ideales y pragmatismo se juntaban. Así que allí apareció. Con dos espadas de madera, una larga y otra más corta, que la haría más manejable a la hora de bloquear los golpes del rival y que incluso le permitirían lanzar la espada contra su rival para distraerlo en caso de ser necesario. Dos espadas toscas de madera talladas de los remos de su barca, la cual sin remos, debió andar a la deriva un buen rato. Otro motivo para pensar que llegó tarde, y otro motivo para pensar que hizo dos espadas. Debió de consumir ambos remos de su barca, el último llegando, y el otro de camino, y por eso tardó tanto tiempo en arribar. Tampoco tenía prisa, como dijimos antes, ni le venía mal poner nervioso a semejante maestro. Quizá fuese su único medio para sobrevivir. De ahí probablemente, que lo decidiese poner nervioso diciéndole lo de la vaina. Eso debió de hacer dudar a Kojiro, al tiempo que lo ponía nervioso y furioso. Seguramente arremetió con mucha furia hacia Musashi, que debió ser capaz de bloquear unos cuantos golpes con su pequeño wakizashi antes de que le quedase inservible. Después, probablemente, utilizó la luz del sol para cegar a su rival, y en el momento que estaba cegado, tirase su wakizashi de madera a la cabeza de su rival, lo cual confundió aún más al maestro Sasaki, y posiblemente lo aturdiese un poco. En ese instante, Kojiro quedó desprotegido por un momento y Musashi corrió y lo golpeó con todas sus fuerzas, era su único viaje de ida hacia la supervivencia.

    Quizá seguramente ni lo matase él. Aprovechando que estaba en el suelo malherido, los Hosokawa y quizá alguno de sus discípulos, posiblemente él mismo también, molieron al pobre de Kojiro a palos, que sucumbió por inocente.

    Y seguramente, esta derrota tan sucia y que constituía además una traición a sus propios valores, lo impulsó a redimirse luchando del lado de los Toyotomi de nuevo tres años después en el asedio de Osaka. De alguna forma se las arreglaría Musashi para salir vivo de aquella batalla, pues aunque quisiese redimirse, en el fondo apreciaba su vida por encima de cualquier otra cosa. Musashi siempre fue un superviviente nato.

    Y hasta aquí mi versión de los hechos de lo ocurrido en Funajima. Nada de lo que Musashi pudiese vanagloriarse, probablemente, y aún así, para mí, sin duda, probablemente uno de sus mejores duelos. Sin duda alguna, de todos ellos, el que probablemente tuviese por detrás, la historia más triste para Musashi. No quería enfrentarse a Kojiro, incluso posiblemente le cayese bien y le tuviese respeto como Maestro de las Artes Marciales que era. Quién sabe, incluso, si no acudía a su dojo, en lugar de a medirse con él, a aprender y nutrirse de su estilo de una forma más saludable y no tuviese intención de enfrentarse en duelo con él. Quién sabe, incluso, si no acudía allí para darle un mensaje de los Toyotomi para que acudiese en su ayuda para enfrentarse a los Tokugawa. Jamás lo sabremos. Lo que está claro es que fue un suceso doloroso para Musashi y quiso expiar sus pecados después. Primero luchando en Osaka, y, finalmente, condenándose a sí mismo a un retiro espiritual después de haber servido de nuevo a los Hosokawa. Y es que, a pesar de todo, aunque Musashi siempre fue altamente pragmático, estoy completamente seguro que, como pintor y artista que también fue, tuvo una gran espiritualidad que probablemente le reprochó ligeramente hasta el día de su muerte por alguno de los actos que cometió.

    Pero bien sabía que no podía sentirse culpable. Descansa tranquilo, Musashi-sama. Has sido ejemplo de hombre para todos los guerreros que después de ti han venido.

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario! Así me gusta, lectores con cosas que decir, sí señor ;)

      La verdad es que sobre Musashi no sabemos demasiadas cosas a ciencia cierta, sobre todo en su época de duelista, así que cualquier hipótesis puede ser válida. Particularmente pienso que en Ganryujima sí que llegó a tener un duelo (y lo ganó), pero más allá de eso no me atrevo a asegurar nada. Eso sí, el asunto del Bushido yo lo cogería con un grano de sal bastante gordo, como dirían los ingleses. En el futuro le dedicaremops un artículo a ese famoso código no escrito por el que supuestamente se regían los samuráis, porque en torno a él hay mucho mito y más bien poquita realidad. Pero digamos que no creo que ni Musashi, ni Kojiro, ni mucho menos los gerifaltes políticos del momento (Toyotomi, Tokugawa y compañía), tuvieran demasiado en cuenta los preceptos del Bushido en su día a día.

      En cualquier caso, volveremos a hablar del bueno de Musashi en el futuro, así que estate atento a próximas actualizaciones. ¡Un saludo!

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      1. Desde luego que no. También hay que tener en cuenta que algunos preceptos del Bushido eran más tenidos en cuenta que otros. Por ejemplo el Chuugi (Lealtad) o el Makooto (Honestidad, Sinceridad absoluta) se seguían fervientemente pero de forma un poco… trastocada. En concreto en el sentido de que esos preceptos iban dirigidos para con tu señor, y nada más que con él. En máximo grado, para con el Shogun (en el período Edo) y el Emperador.

        Quizás sea un poco romantizada mi forma de verlo, por aquello de que soy un pelín anarquista y antisociedad, pero considero que los ronin (algunos de ellos) seguían el Bushido con bastante más devoción que muchos de los samurais de la época, o al menos, tenían más libertad para hacerlo. Al fin y al cabo, el precepto más importante sobre el bushido es el honor, y solo uno mismo puede ser su propio juez de acuerdo con el precepto del honor de este código. Cuando formas parte de una sociedad en la que te presionan enormemente con un deber que la mayor parte de samuráis ni siquiera escogían, si no que se les asignaba antes incluso de que hubiesen salido del vientre de su madre, es difícil que tu mismo puedas ser tu propio juez. Estás siendo cincelado según unos patrones de conducta que te impiden ser un hombre libre, y no se por qué, se me ocurre que el propio Bushido debió de ser diseñado por algún hombre de alta espiritualidad que no le debía lealtad a nadie que él no quisiese debérsela.

        Desde luego, estoy bastante seguro de que en sus inicios, no fue creado para que aquellos que lo incumpliesen se metiesen casi tres palmos de acero en su estómago. Y es que ya se sabe, un hombre sabio dice sabias palabras, y los fanáticos, los ciegos, aquellos que no las comprenden, convierten después las mismas en necias.

        Un saludo y estoy deseando leer esa entrada sobre el Bushido. Fantástico blog este para aquellas personas que estén interesadas en la filosofía, cultura, historia y tradiciones del japón medieval. ¡Sigue adelante compañero! ¡Como haría cualquier buen bushi!

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      2. ¡Gracias de nuevo por tu comentario, Abel!

        El Bushido, como prácticamente todos los códigos morales creados por el hombre desde que el mundo es mundo, estaba ahí para que nadie le hiciera demasiado caso. “Haz lo que digo, y no lo que hago”, como suele decirse. En nuestro Diccionario Japónico damos una definición que considero que da bastante en la diana:

        https://historiasamurai.com/diccionario-japonico/bushido

        Igual que costaría Dios y ayuda encontrar en la Europa medieval a un caballero que realmente viviera según las reglas y preceptos de la caballería, con los samuráis y el Bushido pasaba lo mismo. A los japoneses de antaño (igual que a otros tantos pueblos de otras épocas y lugares) les gustaba justificarse a sí mismos con bellas palabras. Pero, a la hora de la verdad, eran poco más que eso: bellas palabras.

        ¡Saludos y nos seguimos leyendo por aquí! ;)

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  7. Me ha encantado la descripción de esta leyenda y los diferentes puntos de vista, desde lo más fantástico a lo más cercano a la realidad. No hace mucho he empezado a leer el libro de los cinco anillos de Musashi y realmente quería conocer un poco más profundo acerca de la personalidad de este tremendo personaje. Muchas gracias por el excelente escrito.

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