Yotsuya Kaidan, una historia japonesa de fantasmas

Los japoneses son verdaderos maestros del terror. Nadie cuenta historias de miedo como ellos. Y la tradición les viene de lejos; en el país del Sol Naciente llevan unos cuantos siglos cultivando el noble arte de helarle la sangre al personal con sus relatos para no dormir. Ya que estamos en verano, es buen momento para recordar una de las piezas más populares de su nutrido repertorio. Una tragedia con celos, traiciones, asesinatos, apariciones espectrales  y venganzas de ultratumba. Además, su protagonista, una dama samurái con muy malas pulgas, es antepasada directa de buena parte de los engendros que pueblan el cine de terror nipón de los últimos años, como la “angelical” Sadako de la saga Ring. Y, por si faltaba algún ingrediente, la historia está basada en hechos reales, que tuvieron lugar en pleno corazón de Edo hace apenas 300 años. Continue reading “Yotsuya Kaidan, una historia japonesa de fantasmas”

Conspiración en Honnoji: teorías sobre la muerte de Oda Nobunaga

Tal día como hoy hace 400 años, la madrugada del 21 de junio de 1582, Oda Nobunaga, el hombre más poderoso de Japón, caía víctima del ataque a traición de uno de sus generales. Nobunaga estaba pernoctando plácidamente en el templo de Honnoji, en el centro mismo de Kyoto, cuando Akechi Mitsuhide lo asaltó por sorpresa con sus huestes y pasó a cuchillo a todo al que encontró tras sus muros. A la mañana siguiente el fuego había arrasado Honnoji hasta los cimientos; el cadáver de Oda Nobunaga jamás apareció. La leyenda dice que tuvo tiempo de hacerse el seppuku antes de desaparecer entre las llamas. La traición de Mitsuhide estuvo a punto de echar al traste el proceso de unificación del país y abocar a Japón a otros cien años de guerras civiles. El llamado Incidente de Honnoji es el magnicidio por excelencia de la Historia japonesa. Y, al igual que sucede con otros asesinatos famosos, como el de Abraham Lincoln o el de JFK, está lleno de misterios y cuestiones por resolver.

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Miyamoto Musashi vs. Sasaki Kojiro: el duelo más famoso de la Historia de Japón

Dos samuráis frente a frente, espada en mano, a la orilla del mar. Uno de ellos, de porte elegante y vestido con finos ropajes, empuña un largo acero de exquisito temple. El otro, de gesto torvo y facciones salvajes, viste con harapos y tiene como arma un tosco garrote de madera, que semeja vagamente la forma de una katana. Ambos se miran fijamente, sin mover un músculo, mientras los primeros rayos del alba empiezan a iluminar el cielo. La escena es digna de la mejor película de Kurosawa. Los aficionados a la cultura japonesa habrán adivinado ya que hablamos de uno de los combates más legendarios de la historia samurái, el lance que enfrentó a Miyamoto Musashi contra Sasaki Kojiro en la isla de Ganryujima. La palabra clave aquí es esa, legendario, porque las cosas no sucedieron tal y como las cuenta el relato tradicional que todos conocemos.
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Con la Iglesia hemos topado: el misionero que quiso caminar sobre las aguas de la bahía de Tokyo

Si en el imperio de Felipe II no se ponía el sol, en tiempos de Felipe III hubo quien aseguraba ser capaz de detener el curso del astro rey en el cielo solo con el poder de su fe. El hombre (supuestamente) capaz  de tal prodigio era fray Juan de Madrid, un misionero franciscano recién llegado a Japón en los albores del s. XVII. Pero su repertorio de capacidades sobrehumanas no terminaba ahí. También decía poder caminar sobre las aguas y mover montañas a voluntad, todo gracias a la fuerza que, según él, Dios le concedía. El objetivo de los milagros de fray Juan no era otro que demostrar al mundo la superioridad del credo católico apostólico romano frente a los cultos paganos que profesaban los nativos del lugar. Pero, entre las almas descarriadas que intentaba atraer al redil del Señor, no había solo nativos japoneses. En realidad, su máximo afán era convertir a un capitán de fortuna inglés, William Adams, y su tripulación, todos ellos protestantes a machamartillo, a quienes las tormentas habían hecho naufragar en aquellas costas. Continue reading “Con la Iglesia hemos topado: el misionero que quiso caminar sobre las aguas de la bahía de Tokyo”

Dojigiri, la katana decapitadora de demonios

En esta santa casa nos gusta hablar de espadas, y hoy traemos a escena otra katana con historia. Una herreruza que puede presumir, ahí es nada, que de haber cortado la cabeza de un demonio. O, al menos, eso dice la leyenda. Hablamos de la famosa Dojigiri Yasutsuna, que de hecho está considerada un tesoro nacional por el gobierno japonés. Cualquiera que se acerque hasta allí puede verla expuesta en el Museo Nacional de Tokyo, en el céntrico parque Ueno, el corazón mismo de la capital nipona. A lo largo de sus cerca de mil años de existencia la Dojigiri ha pasado por manos ilustres, desde el mítico héroe Minamoto no Raiko, uno de los primeros samuráis, hasta varios shogunes Tokugawa, y su filo ha protagonizado hazañas aparentemente imposibles que, sin embargo, aparecen profusamente documentadas en las crónicas de la época. Veamos qué hay de verdad en todo ello. Continue reading “Dojigiri, la katana decapitadora de demonios”

El castillo flotante de Takamatsu

En el Japón feudal, sobre todo una vez entrada la era Sengoku, la guerra era a menudo un asunto de asedios. Las batallas campales eran algo relativamente raro. Sekigahara, Nagashino, Okehazama… son hitos que han quedado para la Historia precisamente por ser la excepción a la norma. La rutina de un samurái, en realidad, pocas veces implicaba luchar a campo abierto. En cambio, asaltar castillos y asediar plazas fuertes era el pan nuestro de cada día. Y, si en la tierra del Sol Naciente hubo un maestro absoluto del arte del asedio, ese fue Toyotomi Hideyoshi. No había castillo que se le resistiera. De entre todas sus conquistas, una especialmente ha quedado para la leyenda: Takamatsu, el castillo flotante. ¿De dónde le viene ese nombre?  Pues, precisamente, porque así es como lo dejó Hideyoshi una vez hubo acabado con él, “flotando” en mitad de una inmensa laguna artificial. Una táctica tan espectacular como efectiva para aislar completamente la plaza enemiga. Vamos a ver cómo lo hizo. Continue reading “El castillo flotante de Takamatsu”

Don Justo Takayama, ¿un santo samurái?

¿Habemus santo samurái? Recientemente ha saltado la noticia y el rumor está rebotando por los medios de medio mundo. Las informaciones  sobre la posible beatificación de un famoso samurái cristiano del s. XVI se suceden a velocidad de vértigo. El asunto está levantando cierta polvareda por la red y, la verdad, no es para menos. No todos los días se eleva los altares a todo un caudillo samurái, de los de katana en ristre y kabuto ceñido. Un titular potente como pocos, de esos que atraen clics como moscas a la miel. El personaje al que el Vaticano planea santificar es Takayama Ukon, también conocido por el nombre de Don Justo, que adoptó al bautizarse. Al parecer las gestiones están bastante avanzadas, y la canonización se da ya por segura. En fin, si la Iglesia ha hecho santos a señores como el rey vikingo Canuto IV o el emperador romano Constantino, por qué no iban a admitir en su selecto club a un guerrero samurái.

Además, Don Justo Takayama siempre ha tenido buena prensa en Japón. Los historiadores clásicos nos lo presentan como un perfecto caballero, elegante y honorable. Desde el lado católico, siempre ha tenido también una legión de hagiógrafos que lo pintan como un santo varón. Pero, ahora que ha saltado la liebre de su posible beatificación, se están diciendo cosas que no son del todo ciertas. Por ejemplo, no olvidemos que, aun en caso de ser canonizado, Takayama Ukon no sería el primer santo samurái de la historia. Sin ir más lejos, Pablo Miki, uno de los 26 mártires de Nagasaki, era de familia samurái. Cierto es que apenas “ejerció” como tal, ya que desde jovencito se consagró a eso del ora et labora con los hermanos jesuitas en el seminario. Pero, técnicamente, tan samurái era el uno como el otro. Llegados a este punto, se hace necesario un repaso a los hechos históricos para separar el grano de la paja. Veamos hasta qué punto Don Justo vivió su vida en olor de santidad. Luego, que juzgue el lector si hizo o no méritos suficientes para ser elevado a los altares. Continue reading “Don Justo Takayama, ¿un santo samurái?”

Las espadas malditas de Muramasa

Si el otro día presentábamos a la Heshikiri en sociedad, hoy vamos a seguir hablando de katanas famosas. Y pocas más célebres que las forjadas por Muramasa, otro de los inmortales maestros herreros del país del Sol Naciente. Afiladas y mortíferas como ellas solas, las creaciones de Muramasa arrastran cierta fama de malditas. En Japón siempre se ha creído que las espadas tienen alma y, si eso es cierto, las de Muramasa deben de tenerla tirando a oscura. Según se decía, su acero estaba siempre sediento de sangre. En especial, de sangre Tokugawa. La dinastía de shogunes más poderosos de la historia de Japón siempre temió el sinuoso y acerado filo de las Muramasa, herreruzas de mal agüero que, decían, atraían la desgracia sobre su familia. Subámonos a nuestra particular nave negra del misterio y veamos qué hay de verdad tras esta macabra leyenda. Continue reading “Las espadas malditas de Muramasa”

La leyenda de Heshikiri, la katana favorita de Oda Nobunaga

La espada es el alma del samurái. O eso dicen. Por bonitos que suenen, hay que tener cuidado con estos adagios: no conviene creérselos más de la cuenta. Porque, a la hora de la verdad, la casta guerrera japonesa no le hacía ascos a nada. Utilizaba todo tipo de armas, desde lanzas hasta arcabuces, pasando por arcos, cañones, y un largo etcétera. Pero, justo es reconocerlo, pocas tan evocadoras y con tanta carga simbólica como la archifamosa katana. Estas magníficas herreruzas, muchas de las cuales son hoy consideradas como verdaderas piezas de museo, van a ser las protagonistas de la entrada de hoy.

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Yamada Nagamasa: un samurái en la corte del rey de Siam

En la era de los descubrimientos, los europeos no fueron los únicos que se atrevieron a desafiar a los siete mares en busca de nuevas tierras. A una escala más modesta, los japoneses también se lanzaron a navegar más allá de sus islas, acaso siguiendo el ejemplo de esos extraños visitantes que, con sus naves negras, se empezaban a dejar ver por sus costas desde mediados del s. XVI. Hasta alrededor de 1630, los comerciantes nipones se expandieron por todo el Sudeste asiático y, en algunos de esos lugares, dejaron una huella profunda.

Pero, si hubo alguien que realmente llegó a hacerse un nombre allende los mares, ese fue Yamada Nagamasa. Un aventurero japonés que había huido de su tierra natal en busca de fortuna y acabó convirtiéndose en el brazo derecho del rey de Siam (la actual Tailandia). Comandante en jefe de la guardia real y con una tropa de élite formada por mercenarios samuráis a sus órdenes, era prácticamente el hombre más poderoso del país. Hasta fue capaz de mantener a raya a los temibles galeones europeos, que se lo pensaban dos veces antes de buscar pelea cuando veían ondear los estandartes de Nagamasa. Se dice pronto, pero llegó incluso a darle para el pelo a todo un batallón español, en una época en la que los ejércitos castellanos eran poco menos que invencibles.

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